Es un aporte más para realizar las actividades de sacando a la luz el tema de la contaminación lumínica.
Además de la contaminación provocada por los gases y la contaminación del ruido, ahora se estudia otra que es la lumínica, provocada por el exceso de luz
¿Y qué es la contaminación lumínica? Se define como la dispersión por la atmósfera de los excedentes de luz que se producen principalmente en las grandes áreas urbanas. Estos excedentes de luz se producen sencillamente por una mala gestión tanto pública como privada de la energía. Actualmente estamos acostumbrados a comprobar, cuando nos alejamos de las ciudades, como sobre las grandes concentraciones urbanas existe un halo luminoso que la cubre a modo de paraguas.
Los efectos de la contaminación lumínica son varios. Los más acusados son la dispersión hacia el cielo de la luz con el consiguiente desperdicio; la intromisión lumínica en nuestras viviendas; el deslumbramiento y el sobreconsumo de electricidad.
En primer lugar debe considerarse que toda la luz que se pierde, que no sirve para iluminar espacios concretos, supone un derroche de energía consumida. Por poner un ejemplo, un estudio realizado por Greenpeace en la Comunidad de Madrid asegura que se pierden anualmente por este concepto más de un millón y medio de euros.
Efectos nocivos
La excesiva iluminación causa, además del coste de la energía perdida, otros efectos nocivos para la población. El excesivo nivel lumínico en una calle o plaza obliga a los vecinos a cerrar completamente las persianas o contraventanas, lo que puede producir efectos nocivos sobre el sueño, y en épocas calurosas obligan a escoger entre el confort climático o el lumínico. La proliferación de anuncios luminosos, con intensidades variables o iluminación en movimiento, añade un factor desestabilizador, dificultando el descanso.